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...me gustaban las historias de terror, hasta que dejaron de ser historias.

Tenía
cuatro
años...

cuando le practiqué la autopsia a mi hámster favorito.
Tomé un bisturí para autopsia Swa-Mortis y procedí a hacer la cirugía;
Creí que cuando morían dejaban de moverse.

Los demás murieron de forma "natural".

No
estaba
dormida,...

fue real. Su voz, su presencia, sentí la presión de su peso contra la superficie de mi cama. Por alguna extraña razón tenía frío, estaba obscuro, mas de lo normal. Apagué las velas de mi habitación. La única iluminación que había era la que se colaba entre la madera mal encajada que provenía de la habitación contigua donde esa noche se reunió la familia, gente desagradable, escuchaba sus risas y conversaciones absurdas. Recuerdo lo que hablaban, no estaba dormida.

Le observé por un momento, intenté dibujar su figura, luego cerré los ojos, ¿podría ser la sombra de unas ropas que salían del armario?. Confundida, al momento de abrirlos, ya no estaba. Un escalofrío recorrió mi cuello, me hizo entumecer, sentí pánico, el tiempo se detuvo, una sensación extraña de apoderó de mi.


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De pronto, un roce con sus frías y huesudas manos sobre mi rostro, luego, intencional para que lo escuchara, claramente susurró en mi oído, con una voz gastada, seca, roída.

-Me has llamado, he venido por ti.

Canté bajo la higuera en noche de San Juan.

Translúcido,
sellado,...

frascos, frascos de todos tipos, tañamos y colores. Los que mas me gustan son los pequeños, en ellos se pueden guardar cosas, cosas interesantes. Tengo una colección de frascos con etiquetas de colores. Colecciono, colecciono cabello, lágrimas, piel, sangre, uñas, dientes, ojos. Los ojos son difícil de coleccionar. Te miran, te miran y siguen mirando, te siguen con la mirada, aún después de ser arrancados de sus dueños; puedes ver el reflejo del momento de su muerte, sientes la muerte y como se desvanecieron con agonía.

Tomé mi cabello con suavidad, lo até con una cinta negra, sombra, cuervo, petróleo. Lo corté y guardé como recuerdo. Hilachas que sorprendentemente siguieron creciendo pidiendo alimento diariamente. Tarde, obscuridad, humedad. Así fue como comencé mi colección, guarde mi cabello; junto al frasco de los que algunos llaman alma.

Se alimentan de odio e incienso.

No me
debería...

sorprender , cada vez que vengo haces lo mismo, te ocultas para intentar asustarme, se nota que los años ni las penas pasan sobre ti. Siempre que me visitas pides que venga. Podríamos acordar un punto de encuentro ya que nunca recuerdo donde esta tu hogar.
Mis pies están completamente empolvados. Te traje un ramo de amapolas, se que te gustan.

En el camino vi un niño que lloraba desconsolado. Intenté calmarlo, lo abracé, fue inútil, nunca llegué a tocarlo. Además, olvidé que cuando mueres llorando, permaneces así por la eternidad.

Cruzando el callejón de niños, al lado de la animita azul.

Noche
estrellada,
luna...

llena , el viento corre a prisa, la fogata quiere escapar. Se siente la humedad. Los grillos cantan a coro con la corriente del río.

Intento alejarme del fuego, creció y está quemando. Estiro mis brazos, no es suficiente. Quiero despegar mis pies de la tierra, no puedo correr. Algo roza mi piel, baila en el aire, se desintegra al hacer contacto. No siento mis brazos, los grillos no cantan y el río golpea enfurecido, me desintegro, he quedado solo; inmerso en este fuego infernal.

Al parecer fue solo un sueño.

La
ataqué
con...

mis propias manos. La escucho deambular. No sé que hora es, aún dormida intento encender el mechero, tomo un chal de lana, siempre hace frío, me pongo de pie, cruje la madera, estoy descalza. Camino temblorosa, paso débil, respiración entrecortada, tos carraspeada. La ventana está abierta. Tic-tac, tic-tac.

En medio de la oscuridad algo golpea mi pie, he tropezado.

Dos luces de odio me miran fijamente, se acercan, me acechan, tengo miedo. Dirijo la luz en su dirección, estiro mi mano y ella hace lo mismo, tiene dedos desnutridos con huesos torcidos, uñas largas y puntiagudas como dagas listas para atacar, ojos grandes y amarillentos, piel arrugada, verrugas por doquier, un anillo que llama mi atención. Intento tocarla pero algo la protege, un caparazón plano y translúcido.
La luz me encandila.


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Golpeé, golpeé tan fuerte que partí su rostro en pequeños trozos, mis manos sangran, no se quiere ir, se que la maté pero me sigue mirando; la sigo escuchando, me sigue a todos lados.

Desperté y el espejo estaba hecho trizas.

Nadie
pensó
que...

podría suceder. Comenzaron a caer de a poco, una tras otra. Por cada suspiro que daba, una nueva se desplomaba. El paso del tiempo ponía sentencia para que sus brazos definitivamente tocaran el suelo. Ya no le gustaba el sol, ya no le gustaba estar cerca de los demás, ya no le gustaba lo que algún día le podría haber gustado.

Comenzó a alejarse, cerca del río, a pensar. Siempre alejado, solo, con sus brazos caídos. Lloró tanto, que sus lágrimas hicieron humedecer sus pies hasta que le salieron raíces. No fue mucho el tiempo que paso, el río creció y el agua subió por todo lo que lloro, lloro, lloro, resignado enterró sus pies en la arena y siguió llorando.

En las sombras, junto al río, lloraba todas las tardes, no había quien lo consolara; nunca se supo por quien se llenó de tan absurda cantidad de tristeza.

No dibujes sauces llorones.

Tras
enormes
gafas...

ocultaba en vitrina sus hermosos ojos. Te podías perder horas y horas en ellos, una mirada tranquila que ocultaba su verdadero ser.

Alma mentirosa, presencia imponente, carácter petulante, ser despreciable que con solo una palabra que saliera de sus pequeños labios podía llegar a lo mas profundo de ti y convertir lo que algún día fueron sueños y esperanzas en cenizas.

Nunca dejas de conocer.

Bajo una
montaña...

de libros encontré su carta. Recuerdo cuando la dejo frente a mi, fue antes que me sacaran de casa, me cargaron entre seis y me subieron a un auto. Un pequeño viaje, sabía que no regresaría a casa. Mi madre lloraba.

Había un largo camino de flores que dibujaba por donde debían llevar mi cuerpo ya dormido. Cuando llegamos, muchas personas a mi alrededor, pero ella, ella estaba escondida tras la multitud, hubiese querido que estuviera a mi lado. Cuanto daría por poder estar con ella una vez más y ver su sonrisa oculta tras ese rostro inmutable.

Me perdí en las palabras que escondía ese pequeño trozo de papel. Extraño tu voz, extraño esperar largas horas para vernos a escondidas unos segundos, segundos que ya no volverán, segundos perdidos, segundos estancados en el tiempo como los latidos de mi corazón, congelados en un instante, frío como la soledad que siento.
En su carta sólo me pedía que no la dejara sola.

La rosa fue un lindo detalle.

Contaba
cuantas
tablas...

había en el techo de la habitación, cuantos agujeros en la pared, cuantos rayones en el piso, pensaba que pasaría si un insecto decidía entrar por mi oído y hacer su casa ahí. Cierro los ojos. Siento el olor de los crayones que me regalaron en mi sexto cumpleaños y la forma en que mi madre me gritaba por rayar las paredes.

Era una casa pequeña de grandes ventanales. En las tardes, a eso de las ocho, corría despacio la cortina y observaba a una mujer de mediana edad hacer manualidades, me llamaba la atención como de un trozo de piel casi podrida podía crear bailarinas que luego colgaba en el tendedero para que sus vestidos se secaran, fabricados con pelo de gato, orejas de rata, ojos de mosca y pacientemente tejía su propio cabello en la tierna muñeca.

Nunca supe como hacía que finalmente bailaran.

Hoy conocí las muñecas de wicca.

Desde
aquí
alcanzo...

a ver como velan a un donnadie, no demoraron en reunirse. El olor a putrefacción inunda todo el sector, es mas intenso cuando el cuerpo es asesinado con odio, además, si tienes experiencia puedes hacer que el alma se quede atrapada y se pudra junto con las entrañas.

Oculto, para que no vean cuanto lo disfruto.
Necesito quitar la sangre de mis manos y buscar una nueva víctima.

Uno menos en la lista.

Cuando
mi
difunta...

madre era joven, trabajaba en el fundo de “Los Prille”, gente malhumorada que tenia posesión de los mejores terrenos y ganado; mi madre no tenía quien me cuidara, por lo que me llevaba a trabajar con ella, recuerdo que una de mis tareas era estar en pie a las tres de la madrugada y tener un jarrón de leche tibia preparado. El destino era siempre el mismo; caminar casi dos horas en dirección al sur, subir una pequeña colina y tras ella, bajo un puente donde corría la vertiente, esperar el primer rayo de sol y proceder a alimentar un extraño ser.

- "culebrón que habitas esta madriguera, favor perdona mi vida, que he venido a alimentarte", eso debía decir cada vez que llegaba a interrumpir sus sueños.

Un día tardó en amanecer, la leche ya estaba fría. Mi peculiar amigo no estaba;
Manuel Prille, el anciano de la familia, estaba muerto.

Se decía que tenía un pacto.

Comencé
con la...

fachada , una cerca que podría botar el viento, trinó con aspereza, como un tiuque avisando la llegada de intrusos, las ventanas estaban tapadas con latas oxidadas y madera podrida, la puerta principal se encontraba en el costado izquierdo, clausurada. Atravesé por lo que algún día fue un corredor que daba al patio trasero, lleno de maleza, ratas y arañas, suciedad y abandono. Continué fotografiando algunos árboles que no quedaban ajenos al panorama, había un agujero en el suelo de dimensiones pequeñas, adobado, parecía el nicho de un pequeño.

Tomé una roca y quebré el vidrio de la habitación, ingresé con cuidado, tropecé con un gato, estaba quemado el pobre animal, los parásitos habían hecho un festín con sus entrañas, con desprecio mire la rata petrificada que intentaba salir entre las tablas del piso. Continué mi camino, subí unos escalones, llegue a la cocina, la mesa estaba servida, una taza que con su contorno dibujó sobre la mesa gracias a la acumulación de polvo que cayó sobre ella, me senté en ese lugar. Personas ancianas, jóvenes y niños, adornaban las paredes, fotografiados aquí mismo, conversamos unos minutos pero las imágenes estaban por borrarse, al igual que sus palabras.


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Tocaba las paredes mientras caminaba, intentaba conectar con su historia, algo me parecía familiar. Una brisa me abrazó con firmeza y me invitó a la habitación, era la mas obscura y fría, sin embargo, me sentí acogida.

Bienvenida a casa.

conbufanda@gmail.com

...me gustaban las historias de terror, hasta que dejaron de ser historias.